Viaje al Alto Tajo

Si recordáis nos habíamos quedado en Madrid, recogiendo nuestro premio del  concurso de la FAD (Fundación de Ayuda contra la Drogadicción) “Y tú qué”

El premio de las últimas convocatorias había sido un viaje con actividades multiaventura, según nos habían contado, y yo iba dispuesta a acompañar a mis chavales, y ver cómo hacían tirolina, tiro con arco, montaban a caballo, hacían rafting y esas cosas que se suelen hacer en los viajes multiaventura.

Mientras, les haría fotos, muchas fotos, y me tomaría algún refresco en una terracita de un bar que seguro habría allí cerca, disfrutaría del paisaje y participaría en alguna actividad,  aunque evitaría  la tirolina.

Comeríamos en algún bar-restaurante, saboreando lo que entrara en el menú, y finalizaría el día con una ducha relajante.

Pero el 2004 la organización encargada fue Outwardbound, una organización internacional que se originó en Inglaterra durante la Segunda Guerra Mundial para preparar a los jóvenes marineros británicos  y que en la actualidad promueve actividades de supervivencia dirigidas a diferentes grupos.

Nada más bajar del autobús nos dividieron en grupos y aunque pretendían separarme de mi marido que me acompañaba en el viaje, después de un intenso diálogo conseguí convencer a los guías de que nos dejaran ir en el mismo grupo. Mi idea del viaje multiaventura se evaporó. ¿Qué aventura nos esperaba?

A parte de nosotros había un grupo de un colegio de Ciudad Real y otro de un instituto de Cádiz, formados por los alumnos y sus profesores, que también habían obtenido el premio en otras modalidades.

La finalidad era que conviviéramos en equipos formados por miembros de los tres centros, por lo que nos mezclaban, y en cada grupo había dos guías de la organización.

Nos dieron una mochila y tuvimos que coger lo imprescindible, dejamos el resto de nuestro equipaje y los móviles (que entonces se utilizaban solo para llamar y enviar SMS), pero de los que nos costó desprendernos.

A cada grupo repartieron un hornillo, comida, toldo, brújula, mapa… y nos despedimos, deseándonos buena suerte, porque cada uno tenía una ruta diferente a seguir por el  Parque Natural del Alto Tajo.

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Nuestro alojamiento sería el Parque Natural, sin otras instalaciones que las que la naturaleza nos ofrecía, y aquellos elementos que habíamos cargado en nuestras mochilas.

Nos lavaríamos en el río, beberíamos el agua del río potabilizándola con Betadine y si no nos gustaba el sabor le echaríamos Tang  (una especie de zumo en polvos), y como no había baños utilizaríamos una pala. Sí, tal cual.

La comida, la llevábamos nosotros (menos mal) y cada día nos asignaban un rol. Dos cocinaban, uno escribía el diario del viaje, otro hacía de guía… Por las noches montábamos un toldo y dormíamos todos juntos en los sacos de dormir, hasta que amanecía. La verdad es que los amaneceres y atardeceres eran preciosos, el cielo estrellado, el silencio, la naturaleza…

Teníamos una misión en esos días: buscar los materiales que estaban escondidos para conseguir montar una balsa con la que teníamos que recorrer un trozo del río. Después de mucho caminar, perdernos y orientarnos, lo conseguimos, vaya que sí.

Mientras fuimos adaptándonos a la situación, conociendo a las personas con las que convivíamos todos al mismo nivel, ayudándonos, divirtiéndonos, cantando, cocinando…

Coincidíamos en algún momento con Sandra, Lucía, Marga, Luís y Rubén que iban en otros grupos y nos saludábamos y poníamos al día.  Me está encantando recordar mientras lo escribo.

De mis alumnos quedaron en el grupo Carlos y Jose Luís que afrontaron con una gran entereza todas las situaciones que vivimos y de los que no salió ninguna queja, y sí apoyo porque tuve (lo confieso) algún momento de bajón.

Recuerdo mi frase del último día después de atravesar completamente vestida un río que arrastraba gran parte de tierra “¿Os podías imaginar el primer día de clase que íbamos a terminar así?” Ya no sabía si reír o llorar.

A algunos de nosotros al principio no nos resultó fácil por el tipo de actividad. Pero fuí observando, a medida que nos íbamos encontrando en alguna ruta, un cambio en la actitud y una experiencia de superación que se contagiaba, a parte del buen ambiente con los chavales de Ciudad Real y Cádiz. Se les veía disfrutar.

Fue una situación de esas que no eliges, pero que al final agradeces haber pasado por ahí por todo lo que aprendes, viviéndolo y sintiéndolo en primera persona.

Y aunque en ese primer momento no se aprecia, son experiencias que suponen un aprendizaje para la  vida,  ya que muchas veces encontramos que nuestras expectativas fallan, vienen dificultades y debemos superarlas, que aparecen personas estupendas que te ayudan si te dejas y  te vas haciendo más fuerte.

Creo que la FAD, hizo una buena elección con ese premio y más siendo una organización cuyo fin es luchar contra las drogodependencias.

Disfrutamos de otra manera que nos propone el ocio/negocio, nos sacó de nuestro sofá, nos desprendimos de los aparatos tecnológicos que nos enganchan…

No lo elegimos y si nos lo hubieran explicado con detalle antes de salir no sé que hubiéramos hecho.

Desde el contacto con la naturaleza, experimentamos que se puede estar feliz sin comodidades y sin la típica diversión que nos tiene que proporcionar algo externo, sino de la que nos creamos nosotros desde nuestra actitud disfrutando de la creación, de las cosas sencillas  y por supuesto, de la amistad.

He experimentado una sensación parecida cuando he ido de  campamento,  al camino de Santiago o similar, pero aquí en condiciones más extremas.

Al final se consiguió hacer equipo y nos despedimos con mucho cariño de todos los chavales con los que compartimos estos momentos intensos. Más tarde hubo visitas Cádiz-Valencia y viceversa.

Eso sí, a la vuelta, las madres estaban encantadas de cómo valoraban la comida, la casa y  todos los detalles. Yo también, ¿eh?

Creo que con las imágenes nos podemos hacer una idea de los días que vivimos.

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Recuerdo un montón de anécdotas, pero es imposible extenderme en detalles, aunque algunos fueron muy atípicos y divertidos. Nos han dado para muchas conversaciones y risas.

Después de años en los que no se convocó el concurso parece  que desde el 2012, se ha vuelto a retomar, eso sí, con una notable diferencia en el  premio, ahora es una tablet. Sinceramente, me quedo con la experiencia que vivimos.

¿Qué os parece a los que estáis ahora en los ciclos?¿Nos apuntamos a algún concurso?

A la convocatoria de la FAD hemos llegado tarde y el premio ya no es el que era, pero si tenéis ganas de aventura ya lo hablamos 😉

Agradecimiento, con muchísimo cariño, a todos los alumnos del 2003/2004 que participaron del proyecto y a los que con espíritu aventurero lo llevamos adelante. Creo que siempre tendremos una relación especial, ¿no os parece?

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Un comentario en “Viaje al Alto Tajo

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